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lunes, 10 de agosto de 2015

Miralla, José Antonio

(Córdoba 1789 - Puebla de los ángeles. México 4/10/1825)


“Hay en el mundo dos felicidades:
Una ser rico y otra ser soltero”

Carpe Diem

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No fíes del incierto mañana.

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¡Bella flor! Cuando naciste,
¡Oh, que triste fué t suerte,
Que al primer paso que diste
Te encontraste con la muerte!

Arrancarte es cosa triste;
No llevarte es lance fuerte;
Dejarte donde naciste
Es dejarte con la merte.

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En el cementerio de una aldea

La esquila toca el moribundo día,
la grey, mugiendo, hacia el redil se aleja,
a casa el labrador sus pasos guía,
y el mundo a mí y a las tinieblas deja.
La débil luz va del país faltando,
y alto silencio en todo el aire veo,
menos do gira el moscardón zumbando,
y allá, do el parque aduerme el cencerreo;
o en esa torre envuelta en hiedra, en donde
el triste buho quéjase a la luna
del que, vagando por donde él se esconde,
en su antiguo dominio le importuna.
Bajo esos tilos y olmos sombreados,
do el suelo en varios túmulos ondea,
para siempre en sus nichos colocados
duermen los rudos padres de la aldea.
Del alba fresca la incensada pompa,
la golondrina inquieta desde el techo,
bronco clarín de gallo, eco de trompa,
no más los alzan del humilde lecho.
No arde el hogar para ellos, ni a la tarde
se afana la mujer, ni a su regreso
los hijos balbuceando hacen alarde
de trepar sus rodillas por un beso.
¡Cómo las mieses a su hoz cedían,
y los duros terrones a su arado!
¡Cuán alegres sus yuntas dirigían!
¡Cuántos bosques sus golpes han doblado!
No mofe la ambición caseros bienes
y oscuras suertes de fatigas tales,
ni la agudeza escuche con desdenes,
por humilde, del pobre los anales.
El boato de blasón, mando envidiable,
y cuanto existe de opulento y pulcro,
lo mismo tiene su hora inevitable:
la senda de la gloria va al sepulcro…
No los culpéis, soberbios, si en su tumba
la memoria trofeos no atesora;
do en larga nave y bóveda retumba
de alto loor la antífona sonora.
¿Volverá una urna inscrita, un busto airoso,
el fugitivo aliento al pecho inerte?
¿Mueve el honor al polvo silencioso?
¿Cede a la adulación la sorda muerte?
Tal vez en este sitio, abandonados,
hay pechos donde ardió celestial pira,
manos capaces de regir estados
o de extasiar con la animada lira.
Mas su gran libro, donde el tiempo paga
tributos, nunca les abrió la escuela;
su noble ardor fría pobreza apaga,
y el torrente genial de su alma hiela.
¡Cuánta brillante asaz piedra preciosa
encierra el hondo mar en negra estancia!
¡Cuánta flor, sin ser vista, ruborosa,
en un desierto exhala su fragancia!
Tal vez un Hampden rústico aquí se halla
que al tiranuelo del solar, valiente
resistió; un Milton que sin gloria calla;
de sangre patria un Cronwell inocente.
Oír su aplauso en el Senado atento,
ruinas, penas echar de su memoria,
la tierra henchir de frutos y contento,
y en los ojos de un pueblo leer su historia,
su suerte les vedó; mas en su encono
crímenes y virtudes dejó yertas;
viéndoles ir por la matanza al trono,
y a toda compasión cerrar las puertas;
callar de la conciencia el fiel murmullo,
apagar del pudor la ingenua llama,
o el ara henchir del lujo y del orgullo
con el incienso que la musa inflama.
Lejos del vil furor del vulgo insano,
nunca en vanos deseos se excedieron,
y por el valle de un vivir lejano
su fresca senda sin rumor siguieron.
Mas, protegiendo contra todo insulto
estos huesos aquel túmulo escaso,
de rústica escultura, en verso inculto
pide el tributo de un suspiro al paso.
Nombre y edad por pobre musa puestos
vez de elegía y fama desempeñan;
y esparcidos en torno sacros textos
que a bien morir al rústico le enseñan.
Pues, ¿quién cedió jamás esta existencia
inquieta y grata al sordo olvido eterno,
y dejó de la luz la alma influencia
sin mirar hacia atrás lánguido y tierno?
Al irse el alma, un caro pecho oprime
y llanto pío el ojo mustio aguarda:
Naturaleza aun en la tumba gime,
y aun en cenizas nuestro fuego aguarda.
Por ti, que al muerto abandonado honrando
su triste historia haces que en verso fluya,
si acaso sólo, pensativo errando,
un genio igual pregunta por la tuya,
tal vez un cano labrador le diga:
«Del alba le hemos visto a la vislumbre,
sacudiendo el rocío en su fatiga,
ir a encontrar el sol en la alta cumbre.
Al pie del roble aquel, algo inclinado,
que hondas raíces tuerce, caprichoso,
yacía por la siesta recostado,
viendo el vecino arroyo bullicioso.
Ya en ese bosque desdeñoso andaba,
sus temas murmurando y sonriendo;
ya solitario y pálido vagaba,
como de amor y penas falleciendo.
Faltóme un día en la colina usada,
junto a su árbol querido; en la dehesa
al otro no le hallé, ni en la cascada,
ni en la alta loma, ni en la selva espesa.
Con ceremonia lúgubre cargado
en el siguiente al cementerio vino;
lee (pues sabes) lo que está grabado
en esa piedra, bajo aquel espino».
Epitafio
De la tierra en el seno aquí reposa
un joven sin renombre y sin riqueza;
su cuna no esquivó la ciencia hermosa
y marcóle por suyo la tristeza.
Generoso y sincero fue, y el cielo
pagóle; dio cuanto tenía consigo:
una lágrima al pobre por consuelo;
tuvo de Dios cuanto pidió: un amigo.
Su flaqueza y virtud bajo esta losa
no más indagues de la tierra madre:
con esperanza tímida reposa
allá en el seno de su Dios y Padre

Versión española de la «Elegy Written in a Country Churchyard», del poeta inglés Thomas Gray (1716-1771), hecha por el poeta argentino José Antonio Miralla.
Terminó su traducción en 1823, cuando tenía solamente 24 años, Filadelfia.

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Poeta y traductor argentino precursor de la Independencia de Cuba

Abandonó Virreinato del Río de la Plata para no regresar, en 1809.
Durante esos dieciséis años residió en Perú, España, Inglaterra, Francia,
Estados Unidos, Cuba, Venezuela, Colombia y México.

OBRA

Una elegía
Una oda La palomilla ausente
Sonetos
 1823 Traductor del poema: "Elegía en el Cementerio de una aldea"
(«Elegy Written in a Country Churchyard) de Thomas Gray, Filadelfia


domingo, 9 de agosto de 2015

Maciel, Juan Baltasar


 (Santa fe 8/9/1727 – Montevideo, Uruguay 1788)
 Resultado de imagen para juan baltasar maciel canta un guaso

Canta un guaso en estilo campestre los triunfos
del Excelentísimo Señor Don Pedro de Cevallos

Aquí me pongo a cantar
abajo de aquestas talas,
del maior guaina del mundo
los triunfos y las gazañas,
del Señor de Cabezon,
que por fuerza es camarada
de los guapos Cabezones
que nada tienen de mandrias.
Hé de puja, el caballero
y bien vaia toda su alma
que a los portugueses jaques
ha zurrado la badana.
Como a ovejas los ha arriado
y repartido en las pampas
donde con guampas y lazo
sean de nuestra lechigada.
De balde eran, mis germanos,
sus cacareos y bravatas,
si al columbrar a Ceballos.

[…………………………………..]

No lo ha hecho así el come gente
o más aina come vacas,
vuestro don Pinto Bandeira
salteador de la otra Banda,
que allá por sus andurriales
y siempre de disparada,
huyendo como avestruz,
aun se deja atrás la gama.
Ya de Santa Catalina
las batatas y naranjas
no les darán en el pico
aunque más griten, chicharras.
Su Colonia, ras con ras,
dis que queda con la playa
y en ella quando la dha
harán de azulejos casa?
Perdone, Señor Ceballos,
mi vena silvestre y guasa,
que las germanas de Apolo
no habitan en las campañas.

Apolo presidiendo el coro de las musas, al son de su lira, las exhorta a que
las proezas del Júpiter español (a Don Pedro Cevallos) comienzo por heroica.

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Sacerdote, educador rioplatense, poeta, Doctor en Derecho Civil y Canónico.
-- Junto con Luis José de Chorroarín fueron los "Maestros de la generación de Mayo".

Obra literaria

-- Allá por 1777 se escribía el que se considera el primer poema gauchesco.
-- Poemas dedicados a virreyes y obispos

miércoles, 5 de agosto de 2015

Maldonado Bayley, Edgar (Bayley, Edgar)

(Capital Federal 15/12/1919 - 12/8/1990)


UN SOL

No hay una naranja perfectamente redonda
No hay un día perfecto
Hay un sol para los que han peleado
contra las sombras
sin rendirse jamás
de noche
de día
a orillas del lago
bajo el sicomoro y el sauce
entre las rocas y las anémonas
Para ellos hay -habrá- un sol
porque han peleado contra las sombras
contra su propia oscuridad
su turbia lámpara
su ignorante desgano
Para ellos
habrá un sol
pero no hay
no habrá nunca un día perfecto
una naranja perfectamente redonda

De Estado de alerta y estado de inocencia, 1989.
Extraído de Cuaderno Carmín 23
Edita Eduardo Dalter

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ANDANZA PARA HABILITAR

ando por las calles desconociendo el mar excepcional
me paro a conversar con la larga mano de la llanura
y sé de mí y del hondo kilómetro habitado

ando como se sabe sin importarme el norte
caminando callado y volando a veces sin cotizaciones
tropiezo con miradas y me enredo en los números

quisiera quedarme
como un turista abandonado
hacia adentro de la media infancia
quedarme para mantener las órdenes
paso a paso

me paro al sol
aprovechando las vueltas de mi espera
y torno a andar vivaqueando en el polvo

para beber
escucha
para vivir también es necesario
un rumor de cometas

De “En común”, 1949.
Los poetas del 40 (pag. 62)
Centro Editor de América Latina, 1968.

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POETA EN LA CIUDAD

en difícil amor y opuesta preferencia
en gesto y voz y calle sin cordura
y un adiós solamente
y un tango sin camino
hay un día que es tuyo al principio del mundo

y nombro contigo la vigilia y el viaje
y el muelle reinventado y el cielo sin las horas
y el largo error y la hierba del río

y un reflejo cualquiera y el favor de la sal

poeta en la presencia y el árbol sumergido
sueño secreto
ojos olvidados

mar sin culpa abierto
al celo del estío

que giran en el frío o la lluvia del muro
tu tiempo de canales y deslices
cristal de noches entornadas
ternura y furia de tus años en pie.

De “La vigilia y el vieje, 1961.
Los poetas del 40 (pag. 63)
Centro Editor de Ámerica Latina, 1968.

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MALDONADO BAYLEY, EDGAR (Seudónimo: EDGAR BAYLEY)
Poeta, ensayista y dramaturgo
- Fundador Revista Arturo
- Co-dirigió la Revista Poesía Buenos Aires (1950-1960)

Libros publicados

1945 - Invención dos (poemas, un manifiesto y un cuento) -  Buenos Aires
1949 - En común – Poemas – Tres vientos
1951 - La vigilia y el viaje – poemas – Fondo de Escritores Asociados
1951 - Realidad interna y función de la poesía – reflexiones sobre la poesía
             ampliación - Poesía Buenos Aires
1952 - Realidad interna y función de la poesía – reflexiones sobre la poesía
             ampliación - Poesía Buenos Aires -2ª Edición.
1954 - Poemas – antología – Poesía Buenos Aires
1958 - La poesía como realidad y comunicaciones – ensayo –
1966 - Realidad interna y función de la poesía – reflexiones sobre la poesía
             ampliación - Editorial Biblioteca – Rosario – Santa Fe
1968 - El día – poemas – del Mediodía – Buenos Aires
1976 - Memoria del Dr. Pi Torrendell – relatos humorísticos poéticos – del autor
1976 - Obra poética – (incluye Celebraciones inédito a la fecha de 1976)
            - Corregidor
1981 - Nuevos poemas – La Ventana
1983 - Alguien llama – Argonauta
1983 - Antología personal - CEAL
1983 - Vida y memoria del Dr. Pi y otras historias – relatos humorísticos 
             poéticos - Último Reino
1985 - Anthologie – Centro Cultural Argentino en París – Traducción:
             Laurence Guéguen
1989 - Estado de alerta y estado de inocencia – reflexiones sobre la poesía
            - Argonauta (1990 dice el diccionario de Susana Cella)
1989 - La claridad y otros poemas – Centro Editor de América Latina
2000 - Todo el viento del mundo – Antología – Mondadori - OP
S/F    - Ni razón ni palabra – poesía