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lunes, 10 de agosto de 2015

Real de Azúa, Gabriel Alejandro

(Buenos Aires 1803 - Buenos Aires 1889)

EL SORDO

Dijo un sordo: ¿por qué inventan
que es bullicioso el Cochino,
cuando tengo en la pocilga
seis que no meten ruido?
Mienten pues los que tal dicen
o bien un linaje mismo
no tienen todos los Cerdos,
pues son callados los míos.
Es de inferir que éstos eran
seis trompetas del Juicio,
que gruñir como verracos
supieron desde muy chicos.
¡Ved cual ciega el amor propio!
Lo que era falta de oído
en el sordo, él lo atribuía
a falta de sus vecinos.

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EL TERMÓMETRO Y EL HOMBRE

Como entrasen tertulios, más de ciento,
de un rico al aposento,
donde encienden cigarros, chimenea,
y cada vela que arde es una tea,
el termómetro allí, por consiguiente,
subió mucho. Pues de esto un concurrente
combustión en la atmósfera concluye
que va a sobrevenir, se asusta y huye
sin pensar que tan súbita ocurrencia
de la misma reunión es consecuencia.

¿Por qué, a causas sencillas y triviales,
no atribuimos las cosas?
¿Para qué recurrir a portentosas
y sobrenaturales?
Lo que es somero y llano en el abismo
nos gusta contemplar, para que asombre.
¡Así forja un coco siempre el hombre!
¿Pero, el coco quién es...? El hombre mismo.
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A UN INSIGNE EMBUSTERO

Es fénix desconocido,
tanto el crédito has perdido
por tu embuste y falsedad
que si llega á suceder
que recitando algún cuento,
digas ingenuo: " yo miento "
nadie te querrá creer.

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RESPUESTA DE UN VEJETE

Dije á Beltran: á los viejos
no les conviene el amor;
retírate, lo mejor
es ver los toros de lejos.
Y él contestó: si el amor
es fuego, por conveniencia.
en esta edad de inclemencia.
busco que me dé calor.

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LA CITA

Adela resistía Y Silvio importunaba,
Silvio que por Adela se abrasaba.
Pero al fin alcanzó con su porfía
que á su cita la cruda conviniera,
cuando cesase de alumbrar el día.
Puntual anduvo el tierno enamorado:
se asoma, nadie viene; en vano espera
al dueño idolatrado.
Mas no, ya por el soto la divisa
trayendo en su compaña cautamente
dos perros, la linterna y un sirviente,
y ahogándose de risa ;
de cuya burla Silvio avergonzado,
se fué á dormir por lo que había velado.

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Poeta y dramaturgo argentino.
-- Autor de fábulas, máximas, pensamientos y comedias
-- Abandonó su patria siendo muy joven, en busca de alivio a sus males físicos
    y comenzó una larga peregrinación por América y Europa

Libros publicados

1839 - Poesías diversas – París
1839 - Fábulas – París
1940 - Comedias – París
1846 - América poética – glosario – Valparaíso, Chile
1954 - Fábulas – segunda edición aumentada, Valparaíso, Chile 
1956 - Máximas y pensamientos diversos en prosa y verso

domingo, 9 de agosto de 2015

Rodríguez, Fray Cayetano José



(San Pedro, Buenos Aires 1761 - Buenos aires 23/1/1823)
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Dedicado a los esclavos que actuaron en las invasiones inglesas.

Llegó el felice día,
¡Oh! pueblo a todas luces venturoso
En que la musa mía,
(Cediendo sus temores a su gozo)
Puede cantar tu triunfo, tu victoria,
Tú más heroica acción, tu mayor gloria.

Para ceñir tus sienes
Esta piedra faltaba a tu corona.
¡Oh! pueblo, ya la tienes,
Y ella es sin duda la que más te abona;
Pues al nombre de fiel y valeroso
El dictado te añade de piadoso.

Disfrutabas contento
De dulce paz, efecto de tu brazo,
Tu victorioso aliento
Te preparó morada en su regazo:
Pero esta gloria fuera muy menguada,
Si tu piedad quedase desairada.

Tú, sin par generoso,
Por un rasgo de honor inimitable,
Realzando lo piadoso,
Te prestas a favor del miserable,
Dejando de algún modo satisfechos
De libre condición justos derechos.

Más humano que aquella
Antigua Roma, la ciudad del mundo,
Tu honor piedades sella
Que te hacen el primero sin segundo,
Pues si Roma forjó cadenas tantas,
Tú, vencedor con gloria, las quebrantas.

No dicta sabia Atenas
Dictámenes más bellos. Tú has formado,
De amor y piedad llenas,
Leyes que al oprimido ha sublevado,
Consagrado a su alivio y su consuelo,
Tu gratitud, tu bienes y tu celo.

El secreto has hallado
De aumentarte celosos defensores,
Pues también has pagado
De su inculto valor raros primores.
Ni saben cual es más al mejorarlos,
Si haberte libertado, o libertarlos.

No gima ya la triste
Humilde condición del miserable,
Pues que desde hoy ya viste
Librea nueva de honor más respetable.
A su heroico valor se lo ha debido,
Y a tu piedad ¡oh! ¡Pueblo agradecido!

Jamás te ha amanecido,
Buenos Aires feliz, más claro día,
Que aquel en que has sabido
Los llantos convertir en alegría,
A tantos redimiendo del pesado
Yugo de esclavitud que habían cargado.

Esta acción te coloca
Al lado de Mentor, del sabio Minos:
Como a ellos dar te toca
De gobierno dictámenes divinos:
Pues es menos vencer, puesto en partido,
Que premios saber dar al que ha vencido.

Doquiera que el sol luce,
Y de esta noble acción se haga memoria,
Al punto se trasluce,
Tu fama, tu piedad, tu honor, tu gloria;
Y envueltas quedan en conceptos vagos
Las Espartas, las Romas, las Cartagos.

No ya solemnes vivas
Escuches de los pueblos más lejanos,
Ni plácemes recibas,
Porque heroico venciste a los Britanos:
Que más gloria te da lo generoso,
Que la nota de invicto o victorioso.

En tu intrépido aliento
De Sagunto y Numancia copia fuiste,
Y quizá algún momento,
Tan valientes excesos excediste;
Mas, en premiar del pobre el heroísmo,
Eres ejemplo y copia de ti mismo.

Aunque te son debidas,
Están demás columnas e inscripciones:
Que están bien esculpidas
En el alma de todas tus acciones;
Pero ésta sólo erige un monumento,
Que por único y raro es un portento.

Si a la par de tu anhelo
Acreciera tu haber hasta lo inmenso,
Ejercicio tu celo
Hallara en tus piedades más extenso.
¡Y qué fuera, tu tesoro
El encantado vellocino de oro!

Tanta piedad consuela
A quien el hado barajó la suerte,
Y fino se desvela
Por motivo más noble en defenderte;
Reputando quizá yugo suave
El que antes soportó molesto y grave.

Esto hace tu decoro,
¡Oh! ¡pueblo fiel! y acción de tanto grado
Es la manzana de oro,
Que te hará en ambos mundos envidiado;
Ni será la discordia por ganarte,
Si, por tener la gloria de imitarte.

Del Argentino Río
Las aguas publicaron tu victoria;
Pero a esta acción le fío
Que eternice en el globo tu memoria:
Así resonará de polo a polo
Con crédito inmortal tu nombre solo.

¡Oh! quiera grato el cielo
impartir premios con benigna mano,
dando a tu heroico celo
guirnalda eterna, premio soberano,
porque una acción que en sí todas encierra,
recompensa no tiene acá en la tierra.

Entretanto, recibe
El aplauso común, pues él te aclama:
Feliz, descansa y vive
En brazos del honor y de la fama,
Y sea tu nombre célebre y famoso,
El pueblo fiel, valiente y generoso.

Poema que un amante de la patria
Consagra al solemne Sorteo celebrado en la plaza mayor de Buenos-Ayres,
para la libertad de los Esclavos, que pelearon en su defensa
Con licencia: En Buenos Aires. En la Real Imprenta de Niños Expósitos: año de 1807

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Franciscano, independentista y poeta
Se cree que el texto del Acta de la Independencia es obra suya

Obras

1812 - autor del primer Himno Nacional de 1812
1822 - fundó el periódico El oficial del día
- Odas en honor de Carlos María de Álvear, del Cruce de los Andes y la Victoria de Chacabuco
- Panegírico en honor del General Manuel Belgrano
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Rivarola, Pantaleón


(Buenos Aires 27/7/1754 – 24/9/1821)


SUCINTA MEMORIA

 I
Ciudad de Buenos Aires, valerosa,
Fiel, leal, y constante en sumo grado,
Que has sufrido con alma generosa
Los contrastes de un tiempo desgraciado:
Recuerda ahora el momento en que orgullosa,
Esa terca nación que te ha injuriado,
Te acometió otra vez con arrogancia
Y se estrelló de nuevo en tu constancia.

II
Los obstinados anglos intentando,
Ganar de nuevo esta ciudad constante,
Su gran convoy acercan, anhelando
Desembarcar sus tropas al instante.
Nuestras bravas legiones observando
El desembarque ya hecho, aunque distante,
Se previeron y animan al momento
A frustar del britano el fiero intento.

III
El bravo Whitelocke reforzado
Con tropas de la Europa, se avanzaba
Hacia esta capital, muy confiado
En las grandes columnas que mandaba,
Pero este pueblo fiel que preparado
En el Dios de sus padres esperaba,
Sale como un león al descubierto,
A derrotar al anglo en campo abierto.

IV
El britano sagaz, que había intentado
Entrarse en la ciudad sin resistencia,
Atraviesa el Riachuelo, apresurado,
Para lograr del ejército la ausencia.
Marcha por entre quintas, denodado,
Con veloz paso y grande diligencia,
Para entrar por las calles hasta el Fuerte,
Mas, presto se encontró con fuego y muerte

V
El General Liniers, cual bravo Marte,
Atravesó las quintas por el centro
De sus bravas legiones, sólo parte
Pudo al Anglo salir al duro encuentro,
Y en lo de Miserere, sin baluarte
Batiéndolo, le impiden entrar dentro,
Cuya acción, arriesgada y atrevida,
Libró la capital de ser perdida

VI
Con estos valerosos campeones,
También llegaron, (¡qué oportunamente!),
Un trozo de artilleros con cañones,
Que a los Anglos batieron de repente:
Poco duró la acción, pero a montones
Tuvo muertos y heridos de su gente,
Ese fiero britano que venía
A cubrirnos de males aquel día

VII
Esta acción, repentina y arriesgada,
Costó la vida a algunos valerosos;
Pero, tan digna sangre derramada,
Produjo efectos grandes, prodigiosos;
Pues, aterrado el Anglo en su jornada,
Al encontrar los nuestros animosos
Que tal estrago hicieron en su gente,
Desistió de su entrada prontamente.

VIII
Los bravos batallones que pudieron
Alcanzar a los anglos en su encuentro,
Y los demás guerreros que corrieron
A impedirles el paso para adentro,
Todos en retirada se pusieron,
Replegándose pronto para el centro
A socorrer la plaza en tal conflicto,
Mostrándose así el pueblo siempre invicto.

IX
Aquesta retirada presurosa
Fue, en aquella ocasión inevitable,
Siendo, por otra parte, ventajosa
Y de una utilidad imponderable;
Pues, en aquella noche congojosa,
Noche de turbación inexplicable,
Se reunieron adentro las legiones
A defender la patria cual leones.

X
Los días tres y cuatro, se pasaron
En reforzar la plaza y abrir fosos,
Y en la muchas guerrillas que trabaron
Con los anglos los nuestros animosos.
Estos, con tal denuedo pelearon,
Que al Britano le hicieron mil destrozos,
Ensayándose así con tanta gloria,
Para obtener el cinco la victoria

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OCTAVAS

I
Venid pueblos, oíd atentamente
Lo que nos ha asombrado y aturdido,
Lo que de todo racional viviente
Apenas hoy pudiera ser creído.
Pero, como el gran Dios omnipotente,
De aquesta maravilla autor ha sido,
Desaparece todo lo imposible
Y cuando acá en lo humano era increíble.

II
Y tú, pueblo argentino, que afligido
Con disgustos, zozobras y tormento
Ese terco britano te ha tenido,
Sin dejarte reposo ni contento,
Olvida ya el quebranto que has sufrido
En tan duro y cruel padecimiento,
Al ver el resultado de aquel día,
Que al Perú ha llenado de alegría.

III
Los duros anglos otra vez vinieron,
Y sus grandes columnas acercando,
Hacia la capital se dirigieron,
Fuego, estragos y muerte fulminando.
En el cinco de Julio acometieron,
La ciudad por mil partes atacando;
Pero el pueblo leal, fuerte y constante,
Al britano derrota en un instante.

IV
Cual tigres de la Hircania enfurecidos
Nuestros bravos guerreros peleaban,
Por calles y azoteas repartidos
Con los fieros britanos que avanzaban.
Así, por todas pates perseguidos,
En las casas y patios se emboscaban;
Y acosados del fuego y los aceros,
Los anglos se entregaban prisioneros.

V
El hórrido semblante de la muerte
A los tristes britanos perseguía;
Su guadaña los hiere de tal suerte,
Que las calles volvió carnicería.
Tal fue el valor de aqueste pueblo fuerte,
Resistiendo a los anglos aquel día;
Whitelock capitula, y diligente
Se embarca con los restos de su gente.

VI
Valerosas legiones, ya vencisteis
De esas tropas britanas la osadía,
Cuando el cinco de Julio resististeis
Con firmeza, denuedo y valentía.
La patria y religión que defendisteis,
Harán siempre recuerdo de aquel día,
Y el anglo, destrozado y aturdido,
Llorará eternamente haber venido.

VII
¿Y quién sino el Dios omnipotente,
Librarnos pudo en lance tan temible,
En peligro tan grande e inminente,
Cercados de una hueste tan terrible?
Sí; el Señor nos libró, pío y clemente,
Dándoos una victoria tan plausible;
Y ha salvado a su pueblo en este día,
A este su pueblo fiel que en él confía.

VIII
Así la patria se transporta en gozo,
El Continente llora de alegría,
El Soberano oirá con alborozo
Todo lo que su pueblo obró este día;
La santa religión que un gran destrozo
En los fieles y altares se temía,
Rebosa ya en placer, en gozo tanto,
Y practica tranquila el culto santo.

IX
Así, gran Dios, a ti se dé la gloria
Pues, a tu amado pueblo, que afligido
Te imploraba, le diste la victoria,
Quedando el anglo absorto y abatido.
De tanto beneficio, la memoria
Será eterna, en tu pueblo agradecido,
y a ti acudiendo en sus necesidades,
Hallará siempre prontas tus piedades.

X
Y vosotros ¡oh! ¡víctimas leales!,
Muriendo por tal causa conseguisteis
Una gloria inmortal en los anales
De aquesta religión que defendisteis,
Ella dirigirá sus siempre anuales
Sacrificios al Dios por quien moristeis;
Y al rendirle sus gracias y loores,
Jamás olvidará sus defensores.

XI
Y vosotros también, ¡oh valerosos
Guerreros de la patria, que aún con vida
Os halléis al presente, muy gozosos,
Al ver ya la victoria conseguida!
Esforzad esos pechos animosos
A favor de la patria defendida,
La que al Señor por tanto beneficio,
Alaba y pide os mire muy propicio.

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Escritor, sacerdote, abogado y catedrático
 
Obra literaria

1790 - Novena del glorioso San Martín Obispo, Patrón Principal
          de la muy Ilustre y Noble Ciudad de la Santísima Trinidad
1806 -Romance heroico sobre la reconquista - Imprenta Niños expósitos
1807 - La gloriosa defensa - Imprenta Niños Expósitos