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martes, 25 de agosto de 2015
lunes, 17 de agosto de 2015
domingo, 16 de agosto de 2015
domingo, 9 de agosto de 2015
López y Planes, Alejandro Vicente
(Buenos
Aires 3/5/1785 – 10/10/1856)
¡Oíd,
mortales!, el grito sagrado:
¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas
ved en trono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación
coronada su sien de laureles
y a sus plantas rendido un león.
De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
la grandeza se anida en sus pechos
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.
Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor
todo el país se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel.
Su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.
¿No los veis sobre Méjico y Quito
arrojarse con saña tenaz,
y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?
A vosotros se atreve, argentinos
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo león.
San José, San Lorenzo, Suipacha.
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
la colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental,
son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.
La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad,
y sobre alas de gloria alza el Pueblo
trono digno a su gran Majestad.
Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñando
les repite: ¡Mortales, oíd!
Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al gran Pueblo Argentino, salud!
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.
******************************************************
¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas
ved en trono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación
coronada su sien de laureles
y a sus plantas rendido un león.
De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
la grandeza se anida en sus pechos
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.
Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor
todo el país se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel.
Su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.
¿No los veis sobre Méjico y Quito
arrojarse con saña tenaz,
y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?
A vosotros se atreve, argentinos
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo león.
San José, San Lorenzo, Suipacha.
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
la colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental,
son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.
La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad,
y sobre alas de gloria alza el Pueblo
trono digno a su gran Majestad.
Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñando
les repite: ¡Mortales, oíd!
Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al gran Pueblo Argentino, salud!
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.
******************************************************
Á
la batalla de Maipo
(fragmento)
Aquella
ingrata noche había pasado,
Aquella noche que á la patria un grito
De dolor arrancara.
El enemigo osado
De la victoria el hijo favorito
Se cree con arrogancia: su alma avara
Las riquezas y el triunfo devorando,
Apura, impele, incita sus legiónes:
Maipo ya al oprimirlo sus pendones,
Venganza corre al mar del Sud gritando.
Aquella noche que á la patria un grito
De dolor arrancara.
El enemigo osado
De la victoria el hijo favorito
Se cree con arrogancia: su alma avara
Las riquezas y el triunfo devorando,
Apura, impele, incita sus legiónes:
Maipo ya al oprimirlo sus pendones,
Venganza corre al mar del Sud gritando.
Nuestro ejército allí.
¡Genio sublime
De Patria, Libertad! Tú solamente
Obraste tal portento.
Mientra el cuidado oprime
Al pensador común, su brava gente
Reune el héroe con inmenso aliento:
La consuela, la esfuerza, reorganiza,
De pecho en pecho imprime sus ardores....
No hay tiempo á más que crujen los tambores
Y el enemigo encima se divisa.
La hidra que hundir sus cuellos altaneros,
Chacabuco vió en polvo, ora acrecida
Con más y más cabezas
Los ojos reverberos
Lanza á las dos naciones: honra y vida
Amenaza arrancarles: ya pavesas
Hace, amor á la Patria, tu obra santa.
¡Señor! ¿contra tu ley así el Íbero
Se cebará en nosotros carnicero?
¿Y tu diestra, Señor, no se levanta?
¡Iberia, Iberia! ¿Qué haces? Hubo un día
En que la Asia, la América, la Europa
Y la África admiraron
La terrible osadía
De tu soberbia y numerosa tropa:
Tus glorias fué que á su zenit llegaron.
El curso natural de los estados,
Cual de toda humanal magnificencia
Te obliga á irresistible decadencia:
¿Quieres insana combatir los hados?
De Patria, Libertad! Tú solamente
Obraste tal portento.
Mientra el cuidado oprime
Al pensador común, su brava gente
Reune el héroe con inmenso aliento:
La consuela, la esfuerza, reorganiza,
De pecho en pecho imprime sus ardores....
No hay tiempo á más que crujen los tambores
Y el enemigo encima se divisa.
La hidra que hundir sus cuellos altaneros,
Chacabuco vió en polvo, ora acrecida
Con más y más cabezas
Los ojos reverberos
Lanza á las dos naciones: honra y vida
Amenaza arrancarles: ya pavesas
Hace, amor á la Patria, tu obra santa.
¡Señor! ¿contra tu ley así el Íbero
Se cebará en nosotros carnicero?
¿Y tu diestra, Señor, no se levanta?
¡Iberia, Iberia! ¿Qué haces? Hubo un día
En que la Asia, la América, la Europa
Y la África admiraron
La terrible osadía
De tu soberbia y numerosa tropa:
Tus glorias fué que á su zenit llegaron.
El curso natural de los estados,
Cual de toda humanal magnificencia
Te obliga á irresistible decadencia:
¿Quieres insana combatir los hados?
¿Qué puedes prometerte
en tanto crimen
Como en tu odioso nombre se consuma
De Méjico hasta el Cabo?
El viejo, el niño gimen
Bajo el azote bélico que abruma
La extensión de una tierra en que de esclavo
Sufrir no es dado el bárbaro renombre:
Sufre el sexo, los templos, las ciudades,
Y por decir de un golpe tus crueldades -
Se insulta á Dios, y se destruye al hombre.
Retira esos verdugos.... ¡ Ay! que es tarde:
Rompe el cañón: impávida se arroja
Nuestra hueste á los llanos.
Toda retumba y arde
La dilatada atmósfera. Ya roja
La tierra está do quier. Probad, tiranos
La pujanza de aquellos que defienden
Su patria y libertad. La rabia, la ira
Con que vuestra alma nuestras glorias mira,
Hoy á su vez nuestra venganza encienden.
¡El bronco trueno al trueno, el rayo al rayo,
El acero al acero cual responden!
Cualquiera sospecharía
Que allí Cid, ó Pelayo,
Aquí Washington, ó Nassau se esconden,
Y las falanges rigen este día.
La Patria encima de los altos Andes
Se alza, y los campos de la lid descubre:
Su bello rostro con la mano encubre;
¡Son! ¡hay! los riesgos de sus hijos, grandes!
Como en tu odioso nombre se consuma
De Méjico hasta el Cabo?
El viejo, el niño gimen
Bajo el azote bélico que abruma
La extensión de una tierra en que de esclavo
Sufrir no es dado el bárbaro renombre:
Sufre el sexo, los templos, las ciudades,
Y por decir de un golpe tus crueldades -
Se insulta á Dios, y se destruye al hombre.
Retira esos verdugos.... ¡ Ay! que es tarde:
Rompe el cañón: impávida se arroja
Nuestra hueste á los llanos.
Toda retumba y arde
La dilatada atmósfera. Ya roja
La tierra está do quier. Probad, tiranos
La pujanza de aquellos que defienden
Su patria y libertad. La rabia, la ira
Con que vuestra alma nuestras glorias mira,
Hoy á su vez nuestra venganza encienden.
¡El bronco trueno al trueno, el rayo al rayo,
El acero al acero cual responden!
Cualquiera sospecharía
Que allí Cid, ó Pelayo,
Aquí Washington, ó Nassau se esconden,
Y las falanges rigen este día.
La Patria encima de los altos Andes
Se alza, y los campos de la lid descubre:
Su bello rostro con la mano encubre;
¡Son! ¡hay! los riesgos de sus hijos, grandes!
Madres
cubrid los vuestros, que la muerte
Corriendo sobre el carro del destino
Feroz se precipita,
Y sangre en copia vierte.
Valor hijos del Sud: que el Argentino
El arca de sus glorias deposita
En vuestras manos hoy; en ellas Chile
Su vida y su salud. La muerte es nada
Si ella es el precio de la Patria amada.
¿Y hoy dejaréis que se hunda y aniquile?
¡Mas qué dejar! cuál torbellino os veo
Lanzaros sobre el campo de batalla,
Y más allá lanzaros,
Hasta que ya el trofeo
En vuestras manos victoriosas se halla.
Ya el tirano se rinde. Á coronaros
Se acerca la Victoria, de su seno
Manando gracias y placer. Ante ella
El hondo encimo súbito se estrella,
Los aceros se envainan: calla el trueno.
............................................................
Del Camaleón á la Osa, de occidente
Al meridiano de la bella aurora.
Tu gloria es proclamada.
San Martín, eminente.
La Patria, que tu diestra valedora
Alzó en firmes quiciales, admirada
Tu nombre sin cansarle ha repetido:
Ella también celebra con ternura
Corriendo sobre el carro del destino
Feroz se precipita,
Y sangre en copia vierte.
Valor hijos del Sud: que el Argentino
El arca de sus glorias deposita
En vuestras manos hoy; en ellas Chile
Su vida y su salud. La muerte es nada
Si ella es el precio de la Patria amada.
¿Y hoy dejaréis que se hunda y aniquile?
¡Mas qué dejar! cuál torbellino os veo
Lanzaros sobre el campo de batalla,
Y más allá lanzaros,
Hasta que ya el trofeo
En vuestras manos victoriosas se halla.
Ya el tirano se rinde. Á coronaros
Se acerca la Victoria, de su seno
Manando gracias y placer. Ante ella
El hondo encimo súbito se estrella,
Los aceros se envainan: calla el trueno.
............................................................
Del Camaleón á la Osa, de occidente
Al meridiano de la bella aurora.
Tu gloria es proclamada.
San Martín, eminente.
La Patria, que tu diestra valedora
Alzó en firmes quiciales, admirada
Tu nombre sin cansarle ha repetido:
Ella también celebra con ternura
Á
los héroes de insólita bravura
Que atletas tuyos á tu lado han sido.
Vive, nación ilustre, que supiste
Tu brazo asir al nuestro, y los cervices
Hollar del cruel tirano.
¡Oh! cuanto contribuiste,
Preciado Chile, á días tan felices
Como hoy disfruta el suelo Colombiano:
Á ti prez y loor. Desde hoy debiera
Al grato Maipo en eternal memoria,
El Eridano austral ceder su gloria.
Ceder su plaza en la estrellada esfera.
Empireo gozo á los ilustres manes
De aquellos que el aliento, generosos,
Por la Patria rindieron:
Gloria al que sus afanes
Consagró á la Nación: cuyos gravosos
Días, después el júbilo se hicieron
Y la delicia nacional. En lumbre
Eterna brille el nombre Americano;
Y arrojando el león tras el Océano,
Ponga América el pie sobre la cumbre.
Que atletas tuyos á tu lado han sido.
Vive, nación ilustre, que supiste
Tu brazo asir al nuestro, y los cervices
Hollar del cruel tirano.
¡Oh! cuanto contribuiste,
Preciado Chile, á días tan felices
Como hoy disfruta el suelo Colombiano:
Á ti prez y loor. Desde hoy debiera
Al grato Maipo en eternal memoria,
El Eridano austral ceder su gloria.
Ceder su plaza en la estrellada esfera.
Empireo gozo á los ilustres manes
De aquellos que el aliento, generosos,
Por la Patria rindieron:
Gloria al que sus afanes
Consagró á la Nación: cuyos gravosos
Días, después el júbilo se hicieron
Y la delicia nacional. En lumbre
Eterna brille el nombre Americano;
Y arrojando el león tras el Océano,
Ponga América el pie sobre la cumbre.
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-
Fue el Presidente Provisional de las Provincias Unidas del Río de la
Plata entre el 7 de julio y el 18 de agosto de 1827
-
El Triunfo argentino
-
Marcha patriótica – Himno Nacional
-
Oda a las delicias del labrador
-
La victoria de Suipacha
- Á
la victoria de Maipo
De Labardén (o Lavardén), Manuel José
(Buenos
Aires 9/6/1754 - Colonia del Sacramento, Uruguay 11/1809)
Siripo
Escena VI (Fragmento)
Siripo
Diestros habeis pensado alucinarnos.
No nos pusisteis miedo vencedores,
Y menos temeremos á un puñado
De míseros dispersos, que va huyendo
La inevitable fuerza de los dardos.
Superfluo es el ardid, cuando nosotros
Arrepentidos ya no os acosamos.
La muerte de Solís no fué nuestra obra.
Los charrúas sin fé la ejecutaron.
Bien es verdad que el alevoso ejemplo
Habemos ignorantes imitado.
Disculparle pudiera. Tú bien sabes.
Qué motivos tenemos de quejarnos.
¿Nos habeis defendido? Os importaba
Guardar los que mirabais como esclavos.
Hurtado
Habemos intentado esclavizaros.
Siripo
De amigos nunca habeis podido darnos,
Y las altas almenas de los fuertes
Asombran la humildad de nuestros ranchos.
Los nombres en señal de señorío
Habeis á nuestras cosas ya mudado:
El pariente del mar, Paraná grande,
Es Río de la Plata; el rico lago
Apupen, ya se nombra de Santa Ana.
Porque á Sancho del Campo le agradaron
Sus buenos-aires, este nombre llevan
Las fértiles orillas....
Miranda
descomponerte así?
Lucía
¡Cielo Sagrado
¿Qué es lo que me sucede? ¡Ay infelice!
¿Hurtado es tan funesto desamparo
Me abandona? ¿Podrán otros respetos
Ser antes que mi amor? ¿Podré yo acaso
Posponerle á mi vida? ¿Pues mi esposo
No está ligado con iguales pacto.
¿Para esto le seguí? ¿Y así me paga?...
Lo entiendo á mi pesar. Él se ha vengado.
Y ¿dónde iré yo sola, mujer débil?
¿Qué gruta será fúnebre reparo
A mi triste orfandad? ¿Los fieros tigres
Socorro me darán? Sí, serán mansos
Cuando un amante, un padre y un esposo
Su fiereza les roban despiadados.
¿Pero de quién me quejo? ¿Su venganza
No he provocado yo? ¿No es justo pago
Aqueste de mi crimen ¿Yo no he sido
Quien con ojos risueños ha mirado,
Infiel, á un nuevo amante que tejía
Con alevosas y sangrientas manos
La guirnalda nupcial, que coronase
Mi crimen y mi boda? Es necesario
Que la muerte le lave. Morir debo.
Yo de mí misma juez pronuncio el fallo.
El honor lo aconseja, amor lo manda.
¿Qué es lo que me sucede? ¡Ay infelice!
¿Hurtado es tan funesto desamparo
Me abandona? ¿Podrán otros respetos
Ser antes que mi amor? ¿Podré yo acaso
Posponerle á mi vida? ¿Pues mi esposo
No está ligado con iguales pacto.
¿Para esto le seguí? ¿Y así me paga?...
Lo entiendo á mi pesar. Él se ha vengado.
Y ¿dónde iré yo sola, mujer débil?
¿Qué gruta será fúnebre reparo
A mi triste orfandad? ¿Los fieros tigres
Socorro me darán? Sí, serán mansos
Cuando un amante, un padre y un esposo
Su fiereza les roban despiadados.
¿Pero de quién me quejo? ¿Su venganza
No he provocado yo? ¿No es justo pago
Aqueste de mi crimen ¿Yo no he sido
Quien con ojos risueños ha mirado,
Infiel, á un nuevo amante que tejía
Con alevosas y sangrientas manos
La guirnalda nupcial, que coronase
Mi crimen y mi boda? Es necesario
Que la muerte le lave. Morir debo.
Yo de mí misma juez pronuncio el fallo.
El honor lo aconseja, amor lo manda.
Miranda
Quieres aumentar, hija? No apresures
Los males que vendrán mal nuestro grado.
De Siripo (tagedia indio-americana)
Soneto
De Siripo (tagedia indio-americana)
**************************************************
Oda
al Paraná
Augusto
Paraná, sagrado río,
primogénito ilustre del Océano,
que en el carro de nácar refulgente,
tirado de caimanes, recamados
de verde y oro, vas de clima en clima,
de región en región, vertiendo franco
suave verdor y pródiga abundancia,
tan grato al portugués como al hispano:
si el aspecto sañudo de Mavorte,
si de Albión los insultos temerarios
asombrando tu cándido carácter,
retroceder te hicieron asustado
a la gruta distante, que decoran
perlas nevadas, ígneos topacios,
y en que tienes volcada la urna de oro
de ondas de plata siempre rebosando;
si las sencillas ninfas argentinas
contigo temerosas profugaron,
y el peine de carey allí escondieron,
con que pulsan y sacan sones blandos
en liras de cristal, de cuerdas de oro,
que os envidian las deas del Parnaso;
desciende ya, dejando la corona
de juncos retorcidos, y dejando
la banda de silvestre camalote,
pues que ya el ardimiento provocado
del heroico español, cambiando el oro
por el bronce marcial, te allana el paso,
y para el arduo, intrépido combate
Carlos presta el valor, Jove los rayos.
Cerquen tu augusta frente alegres lirios
y coronen la popa de tu carro;
las ninfas te acompañen adornadas
de guirnaldas, de aromas y amaranto;
y altos himnos entonen, con que avisen
tu tránsito a los dioses tributarios.
El Paraguay y el Uruguay lo sepan,
y se apresuren próvidos y urbanos
a salirte al camino, y a porfía,
te paren en distancia los caballos
que del mar patagónico trajeron,
los que ya zambullendo, ya nadando,
ostentan su vigor, que, mientras llegan,
lindos céfiros tengan enfrenado.
Baja con majestad, reconociendo
de tus playas los bosques y los antros.
Extiéndete anchuroso, y tus vertientes,
dando socorros a sedientos campos,
dan idea cabal de tu grandeza.
No quede seno que a tu excelsa mano
deudor no se confiese. Tú las sales
derrites, y tú elevas los extractos
de fecundos aceites; tú introduces
el humor nutritivo, y suavizando
el árido terrón, haces que admita
de calor y humedad fermentos caros.
Ceres de confesar no se desdeña
que a tu grandeza debe sus ornatos.
No el ronco caracol, la cornucopia,
sirviendo de clarín, venga anunciando
tu llegada feliz. Acá tus hijos,
hijos en que te gozas, y que a cargo
pusiste de unos genios tutelares
que por divisa la bondad tomaron,
céfiros halagüeños por honrarte
bullen y te preparan sin descanso
perfumados altares en que brilla
la industria popular, triunfales arcos
en que las artes liberales lucen,
y enjambre vistosísimo de naos
de incorruptible leño, que es don tuyo,
con banderolas de colores varios
aguardándote está. Tú con la pala
de plata, las arenas dispersando,
su curso facilita. La gran corte
en grande escala espera. Ya los sabios,
de tu dichoso arribo se prometen
muchos conocimientos más exactos
de la admirable historia de tus reinos,
y los laureados jóvenes, con cantos
dulcísimos de pura poesía,
que tus melifluas ninfas enseñaron,
aspiran a grabar tu excelso nombre
para siempre del Pindo en los peñascos,
donde de hoy más se canten tus virtudes
y no las iras del furioso Janto.
Ven, sacro río, para dar impulso
al inspirado ardor: bajo tu amparo
corran, como tus aguas, nuestros versos.
No quedarás sin premio (¡premio santo!).
Llevarás guarnecidos de diamantes
y de rojos rubíes, dos retratos,
dos rostros divinales que conmueven:
uno de Luisa es, otro, de Carlos.
Ves ahí, que tan magnífico ornamento
transformará en un templo tu palacio;
ves ahí para las ninfas argentinas,
y dulce cantar, asuntos gratos.
primogénito ilustre del Océano,
que en el carro de nácar refulgente,
tirado de caimanes, recamados
de verde y oro, vas de clima en clima,
de región en región, vertiendo franco
suave verdor y pródiga abundancia,
tan grato al portugués como al hispano:
si el aspecto sañudo de Mavorte,
si de Albión los insultos temerarios
asombrando tu cándido carácter,
retroceder te hicieron asustado
a la gruta distante, que decoran
perlas nevadas, ígneos topacios,
y en que tienes volcada la urna de oro
de ondas de plata siempre rebosando;
si las sencillas ninfas argentinas
contigo temerosas profugaron,
y el peine de carey allí escondieron,
con que pulsan y sacan sones blandos
en liras de cristal, de cuerdas de oro,
que os envidian las deas del Parnaso;
desciende ya, dejando la corona
de juncos retorcidos, y dejando
la banda de silvestre camalote,
pues que ya el ardimiento provocado
del heroico español, cambiando el oro
por el bronce marcial, te allana el paso,
y para el arduo, intrépido combate
Carlos presta el valor, Jove los rayos.
Cerquen tu augusta frente alegres lirios
y coronen la popa de tu carro;
las ninfas te acompañen adornadas
de guirnaldas, de aromas y amaranto;
y altos himnos entonen, con que avisen
tu tránsito a los dioses tributarios.
El Paraguay y el Uruguay lo sepan,
y se apresuren próvidos y urbanos
a salirte al camino, y a porfía,
te paren en distancia los caballos
que del mar patagónico trajeron,
los que ya zambullendo, ya nadando,
ostentan su vigor, que, mientras llegan,
lindos céfiros tengan enfrenado.
Baja con majestad, reconociendo
de tus playas los bosques y los antros.
Extiéndete anchuroso, y tus vertientes,
dando socorros a sedientos campos,
dan idea cabal de tu grandeza.
No quede seno que a tu excelsa mano
deudor no se confiese. Tú las sales
derrites, y tú elevas los extractos
de fecundos aceites; tú introduces
el humor nutritivo, y suavizando
el árido terrón, haces que admita
de calor y humedad fermentos caros.
Ceres de confesar no se desdeña
que a tu grandeza debe sus ornatos.
No el ronco caracol, la cornucopia,
sirviendo de clarín, venga anunciando
tu llegada feliz. Acá tus hijos,
hijos en que te gozas, y que a cargo
pusiste de unos genios tutelares
que por divisa la bondad tomaron,
céfiros halagüeños por honrarte
bullen y te preparan sin descanso
perfumados altares en que brilla
la industria popular, triunfales arcos
en que las artes liberales lucen,
y enjambre vistosísimo de naos
de incorruptible leño, que es don tuyo,
con banderolas de colores varios
aguardándote está. Tú con la pala
de plata, las arenas dispersando,
su curso facilita. La gran corte
en grande escala espera. Ya los sabios,
de tu dichoso arribo se prometen
muchos conocimientos más exactos
de la admirable historia de tus reinos,
y los laureados jóvenes, con cantos
dulcísimos de pura poesía,
que tus melifluas ninfas enseñaron,
aspiran a grabar tu excelso nombre
para siempre del Pindo en los peñascos,
donde de hoy más se canten tus virtudes
y no las iras del furioso Janto.
Ven, sacro río, para dar impulso
al inspirado ardor: bajo tu amparo
corran, como tus aguas, nuestros versos.
No quedarás sin premio (¡premio santo!).
Llevarás guarnecidos de diamantes
y de rojos rubíes, dos retratos,
dos rostros divinales que conmueven:
uno de Luisa es, otro, de Carlos.
Ves ahí, que tan magnífico ornamento
transformará en un templo tu palacio;
ves ahí para las ninfas argentinas,
y dulce cantar, asuntos gratos.
**************************************************
Soneto
Quiero
mirar el astro refulgente,
En
su elevado trono al mediodía,
Y
el fulgor que de allí radiante envía,
A
oscuras deja mi confusa mente;
Pero
cuando se abate al occidente,
Por
entre velos que la tierra cría,
Le
observa y forma ya la mente mía,
Concepto
á su alcanzar correspondiente.
Así
vos, oh gran Dios, Sol de justicia,
Siendo
allá en vuestra alteza incomprensible
Al
limitado morador del suelo,
Al
ocaso vinisteis, y propicia
vuestra
bondad, os muestra perceptible
Por
entre el rubicundo humano vuelo.
*****************************************************************************************
Abogado,
docente, dramaturgo y periodista, destacado precursor de la
Revolución de Mayo.
Publicaciones
1786
Sátira Literaria – Publicado en el Telégrafo Mercantil
1787
Siripo – drama en verso
1801
*Oda al majestuoso Paraná u Oda al Paraná – El Telégrafo
Mercantil Nº 1 Pág. 4
Notas
del autor
* Publicado
en El Telégrafo
Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de
la Plata,
Buenos Aires, n° 1, miercoles 1° de abril de 1801, pp.4-7.
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