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sábado, 15 de octubre de 2016

De Azcuénaga y Basavilbaso, Domingo Lino

(Buenos Aires 22/9/1758 - 29/4/1821)
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El mono enfermo

Cuentan que en Tetuán le sobrevino,
una noche a las doce, a un mono herrero,
por boca y narices,
un vómito de sangre repentino,
tan fuerte, que dos monos aprendices,
salieron en camisa, y sin sombrero,
por médico volando,
quedándose con él, en la herrería,
una mona, aguardando
al término fatal de su agonía.

Los dos monos hicieron
muy bien la diligencia; pero fueron
sus pasos escusados,
porque estaban los físicos resfriados.
El Doctor pierna tuerta, (alias tenaza),
dijo: vayan al Médico de casa,
y diciéndole que era un accidente
replicó: vayan, vayan brevemente.
El sabio Licenciado Boca-abierta
tenía dada orden, que la puerta
no abriesen de su casa, aunque pedazos
la hicieran, por llamarle, a aldabonazos;
Y el bachiller nombrado Pelos-rubios
dijo: que había tomado pedi-lubios;
de tal manera que, al venir la aurora,
llegando a la herrería los monitos
a darle la respuesta a su señora
la encontraron furiosa, dando gritos,
porque el enfermo ya en sueño profundo
se había ido a curar al otro mundo.

¡Quién, señores, creyera
que entre los monos médicos, se viera
tan poca caridad y amor tan poco!
Cualquiera lo creerá, sin estar loco,
porque no es menester (yo lo confieso),
El ir hasta Tetuán para ver eso.

Lección / Moraleja
Mordaz crítica a los médicos”

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Al censor de Buenos Aires

Señor censor;   mí amigo,   usted  no  sabe
En el berenjenal que se ha  metido.
Si nos lava la cara, es mal querido
De todo pensador discreto y grave
Si escribe la verdad, en cuanto cabe.
Es de todo  un pedante .aborrecido;
Con que así, opino,  que el  mejor partido
Es meterse en  su casa bajo llave.
Y aunque digan algunos rodaballos
Que es usted algo escaso de meollos,
No desperdicie  el  tiempo  en  impugnallos
Porque todos sabemos que hay criollos
Que se ponen a hacer el papel de gallos
Sin que puedan hacer papel de pollos

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Comerciante, jurisconsulto y poeta bonaerense,
considerado el primer fabulista argentino.

Obras publicadas

Desde mayo de 1801 hasta enero de 1802 publicó una fábula mensual en el Telégrafo Mercantil,

Sonetos
Décimas
Fábulas

miércoles, 12 de agosto de 2015

Del Campo Maciel y Luna Brizuela, Estanislao (Del Campo, Estanislao)

De la Vega y Cárdenas, Buenaventura José María (De la Vega, Ventura)


(Buenos Aires 14/7/1807 - Madrid, España 29/11/1865)
A LOPE DE VEGA

Tres siglos ha que este sol
que hoy luce en el firmamento
alumbraba el nacimiento
del gran poeta español.
Purificado al crisol
de una edad y de otra edad,
monstruo de fecundidad,
numen de la patria escena,
Lope con su nombre llena
del mundo la inmensidad.

En la modesta mansión
que oyó su postrer gemido
hoy a Lope se ha rendido
tributo de admiración.
Aquí con mayor razón,
aquí, templo de su gloria,
donde una y otra victoria
le ornaron de resplandores,
demos público y actores
un aplauso a su memoria.
 
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ORILLAS DEL PUSA

¡Qué calor!... Sudando llego,
por la empinada montaña
resbalando,
a este valle que en sosiego
tu corriente, ¡oh Pusa!, baña
susurrando.

Déjame un rato olvidar
en tus orillas mis penas,
y el sediento
labio en tus ondas mojar,
y en tus húmedas arenas
dame asiento.

Tu raudal, de ese elevado
monte al Tajo, en raudo giro
se derrumba,
tan humilde que, sentado,
desde aquí su cuna miro
y su tumba.

No importa que al Tajo ufano
tu breve curso no iguale;
corre ledo;
y que nunca el cortesano
en la carta te señale
con el dedo.

¡Feliz quien encuentra un llano
donde los cerros evite
de la vida,
y allí, del mundo lejano,
tu breve carrera imite
y escondida!

Ese Tajo caudaloso
en cuyo profundo seno
vas a morir,
ya con puente ponderoso
su terso raudal sereno
siente oprimir.

Ya la artificiosa presa
su rápido curso estorba;
ya desciende
ruin batel que se empavesa,
y su cristal con la corva
quilla hiende.

Su destino es envidiar,
o de tu curso suave
la paz suma,
o el alto poder del mar
que puede tragar la nave
que lo abruma.

¡Pobre Pusa!... Si insolente
por esos tendidos llanos
te lanzaras,
en tu cristal inocente
¡cuántos siervos y tiranos
retrataras!

De aquel trance malhadado
de las armas españolas
fue testigo
Guadalete ensangrentado,
y abrió tumba entre sus olas
a Rodrigo.

Berecina el lauro honroso
que cuatro lustros tejieron
hondo tragó,
y el poder de aquel coloso
que los hombres no vencieron,
allí se hundió.

Pusa humilde, manso río,
tu dichoso apartamiento
le procura
contra el ardor del estío
al peregrino sediento
agua pura.

Y al pastor que a tu campiña
desde ese monte desciende,
y al rebaño
que a tus márgenes se apiña,
y al can que el redil defiende
fresco baña.

Y hoy a mi cuerpo cansado,
contra el sol que ardiente pica,
blando solaz.
¡Pusa, adiós!... Corre ignorado,
y los quintas de Malpica
fecunda en paz.
                                Malpica, 1833

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A MIS AMIGOS
 
 No muera, amigos, en el pecho helado
tímido el fuego creador del genio:
llega el momento en que la lira el libre
cántico suene.

Ese que os hizo de abundante vena
rico presente la deidad del Pindo,
no es vuestro sólo; de la patria es feudo:
ella lo pide.

«¡Ay! ¡De la patria!..., preguntar os oigo:
¿Dó está la patria?... Al corazón no llega
del que contento en la cadena vive
himno sonoro.

Francia que el trono de ignominia, alzado
de Waterloo sobre los muertos héroes
fiero padrón de servidumbre indigna
rompe y sepulta.

Francia en buen hora renacer la dulce
lira contemple en que cantaba Horacio
rotos al bote de romana lanza
Partos y Medos.

Goce al cantor de las Mesenias, goce,
Alfonso, tu gigante numen;
Píndaros tenga la que tiene tantos
héroes cual hijos.

¡Ay de nosotros! -Sobre todos cruje
látigo alzado déspota altanero,
y hunde en el polvo y con la planta huella
liras y leyes.»

Sí; mas la Musa que inspiró el robusto
son que la trompa eternizó de Herrera,
cuando Lepanto enrojeció con turca
sangre sus olas;

y la que tierna suspiró en Rioja,
la que del Tormes encantó las aguas,
todas llorosas os demandan nuevas
aras y culto.

«Jóvenes, dicen, a la dulce sombra
de ese laurel que vuestra frente anhela,
santa amistad y poesía junten
vates hermanos.

Harto las iras de belleza ingrata
supo ablandar enamorado canto,
y vuestra lira enguirnaldó de rosas
alma ciprina.

Otros acentos las Pimpleas aman,
cuando despunta suspirada aurora,
pruebe a lanzar el inflamado plectro
ronca tirteida.

¿Veis? Ya Pirene de sus cumbres lanza
hijos de Iberia que a salvarla vienen.
¿Veis? Ya el tirano en su caduco trono
pálido tiembla.

¡Caros alumnos! A la nueva patria,
ya desligada de servil coyunda,
himnos de gloria y libertad la corva
cítara ensaye.»
                                   Madrid, 1830
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LA CITA

Nunca más bello color
dio al horizonte tu llama,
astro de eterno fulgor,
al esconder tu esplendor
la cumbre de Guadarrama.

Nunca tu aroma sentí
más delicioso que ahora,
linda rosa carmesí;
nunca más bella te vi
con las perlas de la aurora.

Arroyo, que turbio y feo
ayer te vi deslizar,
¿cómo tan limpio te veo,
que ya de tu fondo creo
las arenillas contar?

Galanos campos que hacéis
de toda esta pompa alarde,
¿a quién celebrar queréis?
¿O es por dicha que sabéis
que viene Laura esta tarde? 
 

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LAS SOPAS DE AJO

Cuando el diario suculento plato,
base de toda mesa castellana,
gastar me veda el rígido mandato
de la Iglesia Apostólica Romana,
yo, fiel cristiano, que sumiso acato
cuanto de aquella potestad emana,
de las viandas animales huyo
y con esta invención lo sustituyo.

Ancho y profundo cuenco, fabricado
de barro (como yo) coloco al fuego;
de agua lo lleno; un pan despedazado
en menudos fragmentos, lo echo luego;
con sal y pimentón despolvoradao,
de puro aceite tímido lo riego;
y del ajo español dos cachos mondo
y en la masa esponjada lo escondo.

Todo al calor del fuego hierve junto,
y en brevísimo rato se condensa,
mientras de aquel suavísimo conjunto
lanza una parte en gas la llama intensa:
parda corteza cuando está en su punto
se advierte en torno, y los sopones prensa;
y colocado el cuenco en una fuente,
se sirve así para que esté caliente.

                                                   Sopas inmortales

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Seudónimo: VENTURA DE LA VEGA,
Escritor y dramaturgo hispanoamericano.
-- Académico de la Real en 1842
-- Director del Teatro Español en 1847
-- Escribió libretos de zarzuela.

Obras literarias

1833 - Rimas americanas - La Habana, Cuba
1866 - Obra Poética (incompleta) – París, Francia OP
1873 - Poesías líricas – Madrid, España OP
-- Improvisación (soneto inédito hasta comienzos del S. XX)

domingo, 9 de agosto de 2015

De Luca, Esteban

Buenos Aires 2/8/1786 – 17/5/1824 (desapareció en un naufragio)

Oda al pueblo de Buenos Aires

La hermosa Buenos Aires, destinada
Á dar un alto ejemplo
De justicia y poder, á abrir el templo
Del honor en su seno, atribulada
Se verá y confundida, si sus hijos
El juramento olvidan,
Que á la virtud hicieron
El día en que emprendieron
Dar á la Patria libertad y gloria;
Si olvidan que debieron
Al denuedo y trabajo la victoria,
Cierta será la ruina
De la gran capital, cuando adorada
Por la prole Argentina
Llegue á verse la pompa del Oriente;
Cuando en ora fatal abandonada
Al ocio muelle y femenil halago
En engañosa paz duerma imprudente.
Empezará su estrago
El día en que asaltare la codicia
Sus pechos generosos. ¡Ah! entonces
El trono ocuparán de la Justicia
La doblez, el engaño y la malicia.
¡Oh fuertes Argentinos!
Tanto mal evitad, abandonando
La ciudad populosa, dó mil plagas
Se están en vuestro daño preparando:
Á los campos corred, que hasta hoy desiertos
Por la mano del hombre están clamando:
Volad desde las playas arenosas
Que bañan mis corrientes,
Hasta dó marcha á sepultarse Febo;
Y ocupad en trabajos inocentes
El tiempo fugitivo, que insensible
De continuo os arrastra
Hacia la margen del sepulcro horrible.

Una fértil, vastísima llanura
Allá destina el cielo
Á vuestro bien y sin igual ventura.
Como en los anchos mares,
Se espaciará por ella vuestra vista,
Y nuestros patrios lares
Un inmenso horizonte
Abarcarán hasta el lejano punto
En que se eleva el escarpado monte.
Con pasto saludable y abundoso
Veréis allí cual crece
La raza del caballo generoso,
Que libre pace por inmensos prados,
Y aunque al diestro jinete aun no obedece
En ligereza y brío no cediera
Á los que en Grecia un tiempo
Vencieron en la olímpica carrera:
Veréis la oveja que en tributo ofrece
Al pastor industrioso los vellones.
Que defienden al hombre
De los rigores del invierno helado;
Veréis en paz dichosa propagado
El útil animal, que de la tierra
Rompiendo el seno con el corbo arado,
Vuestro inocente afán deja premiado.

La benéfica Ceres, siempre atenta
Del labrador honrado á las fatigas,
De doradas espigas
Los campos cubrirá, que veis ahora
Del espinoso cardo sólo llenos.
La sazonada mies las esperanzas
Á colmar bastará de nuevas gentes
Que antes de muchos soles,
Robustas, inocentes
Darán pasmo á la tierra:
En libertad, ilustres fundadores
Vais á ser de mil pueblos venturosos,
Mucho más numerosos,
Que los astros brillantes,
De que se ve sombrada
La esfera de los ciclos dilatada.
No veréis en los campos la grandeza,
Y el brillo del ocioso cortesano,
Que por los atrios y las anchas plazas
Corre agitado de un furor insano:
No veréis las carrozas de oro y plata
Con exquisito gusto guarnecidas,
Y en ellas ostentando gentileza
La beldad, el orgullo y la pereza;
Ni á su correr violento
Sentiréis cual retiembla el pavimento;
Ni en tanto ruido y vanos esplendores
Sentiréis a algazara
De una plebe indigente y caprichosa.
Tras la sombra del bien corriendo avara.
Pero en cambio os espera,
Libres de odio, y rencor, en cada día
Una escena más grata y majestuosa,
Cuando dejando el perezoso lecho,
Tranquilos observéis la paz hermosa
Del sol, que se alza ya por el Oriente;
Cuando oigáis de las aves la armonía
Con que el astro naciente
Saludan con mil trinos á porfía;
Cuando aspiréis gozosos
El aura matinal llena de vida,
Y la yerba mullida
Una alfombra os presente de esmeralda
Con las perlas del alba enriquecida.

Esos feraces llanos,
Que el cielo os concedió, serán cubiertos
Después por vuestras manos
De mil bosques sombríos, silenciosos
Al par de vuestros hijos
Crecerán los frondosos
Árboles corpulentos,
Que con su sombra amiga
Suave frescor os den, cuando sus rayos
Lanzando Febo, al orbe más fatiga
¡Cuán misterioso asilo.
En ellos hallarán vuestros amores!
¡Qué envidiable y tranquilo
Será vuestro vivir! ¡Cuán inocentes
Serán de vuestros pechos los ardores!
En ellos sentiréis en dulce calma
vuestro ser inundado, y elevarse
Al Dios de todo bien, allí vuestra alma:
Tiempo vendrá que en ellos
Vuestros sabios filósofos contemplen
En silencio las leyes
De la naturaleza, ó de la Europa
El poder y el orgullo de sus reyes.
En los remotos climas
Del Septentrión resonará la fama
De todos vuestros bienes no gozados;
Y los míseros pueblos, que las aguas
Beben del Volga y del Danubio helados,
Se arrojarán al mar, buscando asilo
En vuestro patrio suelo,
Donde benigno el cielo
La abundancia vertió con larga mano;
Donde por siempre ríe
La gran naturaleza,
Poderosa venciendo
Del invierno sañudo la aspereza

Dichosos no veréis vuestros ganados
Por el león rugiente y voraz lobo,
Por el tigre alevoso, devorados;
Ni será que la sierpe ponsoñoza
Clave el agudo diente
Al labrador, cuando la mies sabrosa
Segando diligente,
En copioso sudor baña su frente;
El soldado cruel, acostumbrado
Á llevar de los llanos á las sierras
Los estragos de Marte ensangrentados,
No asolará las tierras,
Que hubieren vuestras manos cultivado.

Sin temer de la guerra la inclemencia,
En paz la gozaréis; y vuestros hijos
Las gozarán también. En rica herencia,
Eternos vuestros bienes
Serán, como el imperio afortunado
De la razón divina.
Que hoy al hombre ilumina
Con lumbre bienhechora
Del Septentrión al Sud, desde Occidente
Á los floridos reinos de la aurora.
Los frutos abundantes,
Que os brindarán terrenos dilatados,
Serán luego cambiados
Por la industria de pueblos comerciantes.
El honrado Alemán, el culto Galo,
El Britano, señor hoy de los mares,
Mayor actividad y movimiento
Darán á los talleres,
De que pende el sustento
De la Europa afligida,
Tras la guerra espantosa,
Por la plaga de fiebre contagiosa,
Y en tumba de sus hijos convertida.

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Canción patriótica de 1810

La América toda
se conmueve al fin
y a sus caros hijos
convoca a la lid.

A la lid tremenda
que va a destruir
a cuantos tiranos
la osan oprimir.

La patria en cadenas
no vuelva ya a gemir.
En su auxilio todos
la espada ceñid.

El padre a sus hijos
pueda ya decir:
"gozad de derechos
que yo no conocí".

La patria en cadenas
no vuelva ya a gemir.
En su auxilio todos
la espada ceñid. 

Sudamericanos,
mirad ya lucir
de la dulce patria
la aurora feliz.

Edición original en la Gazeta de Buenos Ayres

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Poeta y militar argentino

- Fue fundador y primer secretario de la Sociedad Literaria, fundada por orden del
    ministro Bernardino Rivadavia.
- Participó en la redacción de los dos periódicos que editó la sociedad, "La Abeja"
    y "El Argos".
- Recopiló por orden de Bernardino Rivadavia la producción poética desde
    25/5/1810 a 9/7/1822 – 353 pág. en 1 tomo con dos partes: “Canciones y
    Odas y Cantos”, su título: Colección de poesías patrióticas

Obra literaria

1812 - Canción o Marcha patriótica (publicada previamente en La Gazeta)
1814 - Canción de despedida del regimiento 9, en su partida al Perú
1823/1824 - Oda al pueblo de Buenos Aires
-- Canto a la muerte de Belgrano
-- Canto a Montevideo rendido
-- Canto lírico a la libertad de Lima
-- Canto lírico al vencedor del Maipú o A la victoria de Maipo
-- Oda a la victoria de Chacabuco
-- Oda al Gobierno revolucionario de 1812
-- Oda al triunfo de Cochrane en el Callao


De Azcuénaga y Basavilbaso, Domingo

De Labardén (o Lavardén), Manuel José

(Buenos Aires 9/6/1754 - Colonia del Sacramento, Uruguay 11/1809)

Siripo
Escena VI (Fragmento)

                      Siripo

En vano, con astuta valentía,
Diestros habeis pensado alucinarnos.
No nos pusisteis miedo vencedores,
Y menos temeremos á un puñado
De míseros dispersos, que va huyendo
La inevitable fuerza de los dardos.
Superfluo es el ardid, cuando nosotros
Arrepentidos ya no os acosamos.
La muerte de Solís no fué nuestra obra.
Los charrúas sin fé la ejecutaron.
Bien es verdad que el alevoso ejemplo
Habemos ignorantes imitado.
Disculparle pudiera. Tú bien sabes.
Qué motivos tenemos de quejarnos.
¿Nos habeis defendido? Os importaba
Guardar los que mirabais como esclavos.


                      Hurtado

Si, con nuestra amistad y bienquerencia
Habemos intentado esclavizaros.


                      Siripo

La manos, con las armas ocupadas,
De amigos nunca habeis podido darnos,
Y las altas almenas de los fuertes
Asombran la humildad de nuestros ranchos.
Los nombres en señal de señorío
Habeis á nuestras cosas ya mudado:
El pariente del mar, Paraná grande,
Es Río de la Plata; el rico lago
Apupen, ya se nombra de Santa Ana.
Porque á Sancho del Campo le agradaron
Sus buenos-aires, este nombre llevan
Las fértiles orillas....


Escena XIII (Fragmento)

                     Miranda

Basta, hija. Tú deliras, ¿quién te ha visto
descomponerte así?


                      Lucía

                                 ¡Cielo Sagrado
¿Qué es lo que me sucede? ¡Ay infelice!

¿Hurtado es tan funesto desamparo
Me abandona? ¿Podrán otros respetos
Ser antes que mi amor? ¿Podré yo acaso
Posponerle á mi vida? ¿Pues mi esposo
No está ligado con iguales pacto.
¿Para esto le seguí? ¿Y así me paga?...
Lo entiendo á mi pesar. Él se ha vengado.
Y ¿dónde iré yo sola, mujer débil?
¿Qué gruta será fúnebre reparo
A mi triste orfandad? ¿Los fieros tigres
Socorro me darán? Sí, serán mansos
Cuando un amante, un padre y un esposo
Su fiereza les roban despiadados.

¿Pero de quién me quejo? ¿Su venganza
No he provocado yo? ¿No es justo pago
Aqueste de mi crimen ¿Yo no he sido
Quien con ojos risueños ha mirado,
Infiel, á un nuevo amante que tejía
Con alevosas y sangrientas manos
La guirnalda nupcial, que coronase
Mi crimen y mi boda? Es necesario
Que la muerte le lave. Morir debo.
Yo de mí misma juez pronuncio el fallo.
El honor lo aconseja, amor lo manda.

                      Miranda

¿Tantas penas no bastan? ¿Mis quebrantos
Quieres aumentar, hija? No apresures
Los males que vendrán mal nuestro grado.

De Siripo (tagedia indio-americana)


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Oda al Paraná

Augusto Paraná, sagrado río,
primogénito ilustre del Océano,
que en el carro de nácar refulgente,
tirado de caimanes, recamados
de verde y oro, vas de clima en clima,
de región en región, vertiendo franco
suave verdor y pródiga abundancia,
tan grato al portugués como al hispano:
si el aspecto sañudo de Mavorte,
si de Albión los insultos temerarios
asombrando tu cándido carácter,
retroceder te hicieron asustado
a la gruta distante, que decoran
perlas nevadas, ígneos topacios,
y en que tienes volcada la urna de oro
de ondas de plata siempre rebosando;
si las sencillas ninfas argentinas
contigo temerosas profugaron,
y el peine de carey allí escondieron,
con que pulsan y sacan sones blandos
en liras de cristal, de cuerdas de oro,
que os envidian las deas del Parnaso;
desciende ya, dejando la corona
de juncos retorcidos, y dejando
la banda de silvestre camalote,
pues que ya el ardimiento provocado
del heroico español, cambiando el oro
por el bronce marcial, te allana el paso,
y para el arduo, intrépido combate
Carlos presta el valor, Jove los rayos.
Cerquen tu augusta frente alegres lirios
y coronen la popa de tu carro;
las ninfas te acompañen adornadas
de guirnaldas, de aromas y amaranto;
y altos himnos entonen, con que avisen
tu tránsito a los dioses tributarios.
El Paraguay y el Uruguay lo sepan,
y se apresuren próvidos y urbanos
a salirte al camino, y a porfía,
te paren en distancia los caballos
que del mar patagónico trajeron,
los que ya zambullendo, ya nadando,
ostentan su vigor, que, mientras llegan,
lindos céfiros tengan enfrenado.
Baja con majestad, reconociendo
de tus playas los bosques y los antros.
Extiéndete anchuroso, y tus vertientes,
dando socorros a sedientos campos,
dan idea cabal de tu grandeza.
No quede seno que a tu excelsa mano
deudor no se confiese. Tú las sales
derrites, y tú elevas los extractos
de fecundos aceites; tú introduces
el humor nutritivo, y suavizando
el árido terrón, haces que admita
de calor y humedad fermentos caros.
Ceres de confesar no se desdeña
que a tu grandeza debe sus ornatos.
No el ronco caracol, la cornucopia,
sirviendo de clarín, venga anunciando
tu llegada feliz. Acá tus hijos,
hijos en que te gozas, y que a cargo
pusiste de unos genios tutelares
que por divisa la bondad tomaron,
céfiros halagüeños por honrarte
bullen y te preparan sin descanso
perfumados altares en que brilla
la industria popular, triunfales arcos
en que las artes liberales lucen,
y enjambre vistosísimo de naos
de incorruptible leño, que es don tuyo,
con banderolas de colores varios
aguardándote está. Tú con la pala
de plata, las arenas dispersando,
su curso facilita. La gran corte
en grande escala espera. Ya los sabios,
de tu dichoso arribo se prometen
muchos conocimientos más exactos
de la admirable historia de tus reinos,
y los laureados jóvenes, con cantos
dulcísimos de pura poesía,
que tus melifluas ninfas enseñaron,
aspiran a grabar tu excelso nombre
para siempre del Pindo en los peñascos,
donde de hoy más se canten tus virtudes
y no las iras del furioso Janto.
Ven, sacro río, para dar impulso
al inspirado ardor: bajo tu amparo
corran, como tus aguas, nuestros versos.
No quedarás sin premio (¡premio santo!).
Llevarás guarnecidos de diamantes
y de rojos rubíes, dos retratos,
dos rostros divinales que conmueven:
uno de Luisa es, otro, de Carlos.
Ves ahí, que tan magnífico ornamento
transformará en un templo tu palacio;
ves ahí para las ninfas argentinas,
y dulce cantar, asuntos gratos.


**************************************************

Soneto

Quiero mirar el astro refulgente,
En su elevado trono al mediodía,
Y el fulgor que de allí radiante envía,
A oscuras deja mi confusa mente;

Pero cuando se abate al occidente,
Por entre velos que la tierra cría,
Le observa y forma ya la mente mía,
Concepto á su alcanzar correspondiente.

Así vos, oh gran Dios, Sol de justicia,
Siendo allá en vuestra alteza incomprensible
Al limitado morador del suelo,

Al ocaso vinisteis, y propicia
vuestra bondad, os muestra perceptible
Por entre el rubicundo humano vuelo.

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Abogado, docente, dramaturgo y periodista, destacado precursor de la Revolución de Mayo.

Publicaciones

1786 Sátira Literaria – Publicado en el Telégrafo Mercantil
1787 Siripo – drama en verso
1801 *Oda al majestuoso Paraná u Oda al Paraná – El Telégrafo Mercantil Nº 1 Pág. 4

Notas del autor
* Publicado en El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiógrafo del Río de la Plata, Buenos Aires, n° 1, miercoles 1° de abril de 1801, pp.4-7.