Buenos
Aires 2/8/1786 – 17/5/1824 (desapareció en un naufragio)
Oda
al pueblo de Buenos Aires
La
hermosa Buenos Aires, destinada
Á dar un alto ejemplo
De justicia y poder, á abrir el templo
Del honor en su seno, atribulada
Se verá y confundida, si sus hijos
El juramento olvidan,
Que á la virtud hicieron
El día en que emprendieron
Dar á la Patria libertad y gloria;
Si olvidan que debieron
Al denuedo y trabajo la victoria,
Cierta será la ruina
De la gran capital, cuando adorada
Por la prole Argentina
Llegue á verse la pompa del Oriente;
Cuando en ora fatal abandonada
Al ocio muelle y femenil halago
En engañosa paz duerma imprudente.
Empezará su estrago
El día en que asaltare la codicia
Sus pechos generosos. ¡Ah! entonces
El trono ocuparán de la Justicia
La doblez, el engaño y la malicia.
Á dar un alto ejemplo
De justicia y poder, á abrir el templo
Del honor en su seno, atribulada
Se verá y confundida, si sus hijos
El juramento olvidan,
Que á la virtud hicieron
El día en que emprendieron
Dar á la Patria libertad y gloria;
Si olvidan que debieron
Al denuedo y trabajo la victoria,
Cierta será la ruina
De la gran capital, cuando adorada
Por la prole Argentina
Llegue á verse la pompa del Oriente;
Cuando en ora fatal abandonada
Al ocio muelle y femenil halago
En engañosa paz duerma imprudente.
Empezará su estrago
El día en que asaltare la codicia
Sus pechos generosos. ¡Ah! entonces
El trono ocuparán de la Justicia
La doblez, el engaño y la malicia.
¡Oh
fuertes Argentinos!
Tanto mal evitad, abandonando
La ciudad populosa, dó mil plagas
Se están en vuestro daño preparando:
Á los campos corred, que hasta hoy desiertos
Por la mano del hombre están clamando:
Volad desde las playas arenosas
Que bañan mis corrientes,
Hasta dó marcha á sepultarse Febo;
Y ocupad en trabajos inocentes
El tiempo fugitivo, que insensible
De continuo os arrastra
Hacia la margen del sepulcro horrible.
Una fértil, vastísima llanura
Allá destina el cielo
Á vuestro bien y sin igual ventura.
Como en los anchos mares,
Se espaciará por ella vuestra vista,
Y nuestros patrios lares
Un inmenso horizonte
Abarcarán hasta el lejano punto
En que se eleva el escarpado monte.
Con pasto saludable y abundoso
Veréis allí cual crece
La raza del caballo generoso,
Que libre pace por inmensos prados,
Y aunque al diestro jinete aun no obedece
En ligereza y brío no cediera
Á los que en Grecia un tiempo
Vencieron en la olímpica carrera:
Veréis la oveja que en tributo ofrece
Tanto mal evitad, abandonando
La ciudad populosa, dó mil plagas
Se están en vuestro daño preparando:
Á los campos corred, que hasta hoy desiertos
Por la mano del hombre están clamando:
Volad desde las playas arenosas
Que bañan mis corrientes,
Hasta dó marcha á sepultarse Febo;
Y ocupad en trabajos inocentes
El tiempo fugitivo, que insensible
De continuo os arrastra
Hacia la margen del sepulcro horrible.
Una fértil, vastísima llanura
Allá destina el cielo
Á vuestro bien y sin igual ventura.
Como en los anchos mares,
Se espaciará por ella vuestra vista,
Y nuestros patrios lares
Un inmenso horizonte
Abarcarán hasta el lejano punto
En que se eleva el escarpado monte.
Con pasto saludable y abundoso
Veréis allí cual crece
La raza del caballo generoso,
Que libre pace por inmensos prados,
Y aunque al diestro jinete aun no obedece
En ligereza y brío no cediera
Á los que en Grecia un tiempo
Vencieron en la olímpica carrera:
Veréis la oveja que en tributo ofrece
Al
pastor industrioso los vellones.
Que defienden al hombre
De los rigores del invierno helado;
Veréis en paz dichosa propagado
El útil animal, que de la tierra
Rompiendo el seno con el corbo arado,
Vuestro inocente afán deja premiado.
La benéfica Ceres, siempre atenta
Del labrador honrado á las fatigas,
De doradas espigas
Los campos cubrirá, que veis ahora
Del espinoso cardo sólo llenos.
La sazonada mies las esperanzas
Á colmar bastará de nuevas gentes
Que antes de muchos soles,
Robustas, inocentes
Darán pasmo á la tierra:
En libertad, ilustres fundadores
Vais á ser de mil pueblos venturosos,
Mucho más numerosos,
Que los astros brillantes,
De que se ve sombrada
La esfera de los ciclos dilatada.
No veréis en los campos la grandeza,
Y el brillo del ocioso cortesano,
Que por los atrios y las anchas plazas
Corre agitado de un furor insano:
No veréis las carrozas de oro y plata
Con exquisito gusto guarnecidas,
Y en ellas ostentando gentileza
La beldad, el orgullo y la pereza;
Que defienden al hombre
De los rigores del invierno helado;
Veréis en paz dichosa propagado
El útil animal, que de la tierra
Rompiendo el seno con el corbo arado,
Vuestro inocente afán deja premiado.
La benéfica Ceres, siempre atenta
Del labrador honrado á las fatigas,
De doradas espigas
Los campos cubrirá, que veis ahora
Del espinoso cardo sólo llenos.
La sazonada mies las esperanzas
Á colmar bastará de nuevas gentes
Que antes de muchos soles,
Robustas, inocentes
Darán pasmo á la tierra:
En libertad, ilustres fundadores
Vais á ser de mil pueblos venturosos,
Mucho más numerosos,
Que los astros brillantes,
De que se ve sombrada
La esfera de los ciclos dilatada.
No veréis en los campos la grandeza,
Y el brillo del ocioso cortesano,
Que por los atrios y las anchas plazas
Corre agitado de un furor insano:
No veréis las carrozas de oro y plata
Con exquisito gusto guarnecidas,
Y en ellas ostentando gentileza
La beldad, el orgullo y la pereza;
Ni
á su correr violento
Sentiréis cual retiembla el pavimento;
Ni en tanto ruido y vanos esplendores
Sentiréis a algazara
De una plebe indigente y caprichosa.
Tras la sombra del bien corriendo avara.
Pero en cambio os espera,
Libres de odio, y rencor, en cada día
Una escena más grata y majestuosa,
Cuando dejando el perezoso lecho,
Tranquilos observéis la paz hermosa
Del sol, que se alza ya por el Oriente;
Cuando oigáis de las aves la armonía
Con que el astro naciente
Saludan con mil trinos á porfía;
Cuando aspiréis gozosos
El aura matinal llena de vida,
Y la yerba mullida
Una alfombra os presente de esmeralda
Con las perlas del alba enriquecida.
Esos feraces llanos,
Que el cielo os concedió, serán cubiertos
Después por vuestras manos
De mil bosques sombríos, silenciosos
Al par de vuestros hijos
Crecerán los frondosos
Árboles corpulentos,
Que con su sombra amiga
Suave frescor os den, cuando sus rayos
Lanzando Febo, al orbe más fatiga
¡Cuán misterioso asilo.
Sentiréis cual retiembla el pavimento;
Ni en tanto ruido y vanos esplendores
Sentiréis a algazara
De una plebe indigente y caprichosa.
Tras la sombra del bien corriendo avara.
Pero en cambio os espera,
Libres de odio, y rencor, en cada día
Una escena más grata y majestuosa,
Cuando dejando el perezoso lecho,
Tranquilos observéis la paz hermosa
Del sol, que se alza ya por el Oriente;
Cuando oigáis de las aves la armonía
Con que el astro naciente
Saludan con mil trinos á porfía;
Cuando aspiréis gozosos
El aura matinal llena de vida,
Y la yerba mullida
Una alfombra os presente de esmeralda
Con las perlas del alba enriquecida.
Esos feraces llanos,
Que el cielo os concedió, serán cubiertos
Después por vuestras manos
De mil bosques sombríos, silenciosos
Al par de vuestros hijos
Crecerán los frondosos
Árboles corpulentos,
Que con su sombra amiga
Suave frescor os den, cuando sus rayos
Lanzando Febo, al orbe más fatiga
¡Cuán misterioso asilo.
En
ellos hallarán vuestros amores!
¡Qué envidiable y tranquilo
Será vuestro vivir! ¡Cuán inocentes
Serán de vuestros pechos los ardores!
En ellos sentiréis en dulce calma
vuestro ser inundado, y elevarse
Al Dios de todo bien, allí vuestra alma:
Tiempo vendrá que en ellos
Vuestros sabios filósofos contemplen
En silencio las leyes
De la naturaleza, ó de la Europa
El poder y el orgullo de sus reyes.
En los remotos climas
Del Septentrión resonará la fama
De todos vuestros bienes no gozados;
Y los míseros pueblos, que las aguas
Beben del Volga y del Danubio helados,
Se arrojarán al mar, buscando asilo
En vuestro patrio suelo,
Donde benigno el cielo
La abundancia vertió con larga mano;
Donde por siempre ríe
La gran naturaleza,
Poderosa venciendo
Del invierno sañudo la aspereza
Dichosos no veréis vuestros ganados
Por el león rugiente y voraz lobo,
Por el tigre alevoso, devorados;
Ni será que la sierpe ponsoñoza
Clave el agudo diente
Al labrador, cuando la mies sabrosa
¡Qué envidiable y tranquilo
Será vuestro vivir! ¡Cuán inocentes
Serán de vuestros pechos los ardores!
En ellos sentiréis en dulce calma
vuestro ser inundado, y elevarse
Al Dios de todo bien, allí vuestra alma:
Tiempo vendrá que en ellos
Vuestros sabios filósofos contemplen
En silencio las leyes
De la naturaleza, ó de la Europa
El poder y el orgullo de sus reyes.
En los remotos climas
Del Septentrión resonará la fama
De todos vuestros bienes no gozados;
Y los míseros pueblos, que las aguas
Beben del Volga y del Danubio helados,
Se arrojarán al mar, buscando asilo
En vuestro patrio suelo,
Donde benigno el cielo
La abundancia vertió con larga mano;
Donde por siempre ríe
La gran naturaleza,
Poderosa venciendo
Del invierno sañudo la aspereza
Dichosos no veréis vuestros ganados
Por el león rugiente y voraz lobo,
Por el tigre alevoso, devorados;
Ni será que la sierpe ponsoñoza
Clave el agudo diente
Al labrador, cuando la mies sabrosa
Segando
diligente,
En copioso sudor baña su frente;
El soldado cruel, acostumbrado
Á llevar de los llanos á las sierras
Los estragos de Marte ensangrentados,
No asolará las tierras,
Que hubieren vuestras manos cultivado.
Sin temer de la guerra la inclemencia,
En paz la gozaréis; y vuestros hijos
Las gozarán también. En rica herencia,
Eternos vuestros bienes
Serán, como el imperio afortunado
De la razón divina.
Que hoy al hombre ilumina
Con lumbre bienhechora
Del Septentrión al Sud, desde Occidente
Á los floridos reinos de la aurora.
Los frutos abundantes,
Que os brindarán terrenos dilatados,
Serán luego cambiados
Por la industria de pueblos comerciantes.
El honrado Alemán, el culto Galo,
El Britano, señor hoy de los mares,
Mayor actividad y movimiento
Darán á los talleres,
De que pende el sustento
De la Europa afligida,
Tras la guerra espantosa,
Por la plaga de fiebre contagiosa,
Y en tumba de sus hijos convertida.
En copioso sudor baña su frente;
El soldado cruel, acostumbrado
Á llevar de los llanos á las sierras
Los estragos de Marte ensangrentados,
No asolará las tierras,
Que hubieren vuestras manos cultivado.
Sin temer de la guerra la inclemencia,
En paz la gozaréis; y vuestros hijos
Las gozarán también. En rica herencia,
Eternos vuestros bienes
Serán, como el imperio afortunado
De la razón divina.
Que hoy al hombre ilumina
Con lumbre bienhechora
Del Septentrión al Sud, desde Occidente
Á los floridos reinos de la aurora.
Los frutos abundantes,
Que os brindarán terrenos dilatados,
Serán luego cambiados
Por la industria de pueblos comerciantes.
El honrado Alemán, el culto Galo,
El Britano, señor hoy de los mares,
Mayor actividad y movimiento
Darán á los talleres,
De que pende el sustento
De la Europa afligida,
Tras la guerra espantosa,
Por la plaga de fiebre contagiosa,
Y en tumba de sus hijos convertida.
************************************************
Canción patriótica de 1810
La
América toda
se
conmueve al fin
y a sus caros hijos
convoca a la lid.
y a sus caros hijos
convoca a la lid.
A
la lid tremenda
que va a destruir
a cuantos tiranos
la osan oprimir.
que va a destruir
a cuantos tiranos
la osan oprimir.
La patria en cadenas
no vuelva ya a gemir.
En su auxilio todos
la espada ceñid.
El
padre a sus hijos
pueda ya decir:
"gozad de derechos
que yo no conocí".
pueda ya decir:
"gozad de derechos
que yo no conocí".
La
patria en cadenas
no vuelva ya a gemir.
En su auxilio todos
la espada ceñid.
no vuelva ya a gemir.
En su auxilio todos
la espada ceñid.
Sudamericanos,
mirad ya lucir
de la dulce patria
la aurora feliz.
Edición original en la Gazeta de Buenos Ayres
***************************************************************************
Poeta
y militar argentino
-
Fue fundador y primer secretario de la Sociedad Literaria, fundada
por orden del
ministro
Bernardino Rivadavia.
-
Participó en la redacción de los dos periódicos que editó la
sociedad, "La Abeja"
y
"El Argos".
-
Recopiló por orden de Bernardino Rivadavia la producción poética
desde
25/5/1810
a 9/7/1822 – 353 pág. en 1 tomo con dos partes: “Canciones y
Odas
y Cantos”, su título: Colección de poesías patrióticas
Obra
literaria
1812
- Canción o Marcha patriótica (publicada previamente en La Gazeta)
1814
- Canción de despedida del regimiento 9, en su partida al Perú
1823/1824
- Oda al pueblo de Buenos Aires
--
Canto a la muerte de Belgrano
--
Canto a Montevideo rendido
--
Canto lírico a la libertad de Lima
--
Canto lírico al vencedor del Maipú o A la victoria de Maipo
--
Oda a la victoria de Chacabuco
--
Oda al Gobierno revolucionario de 1812
--
Oda al triunfo de Cochrane en el Callao
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